Hoy era un día muy diferente a los demás días. ¿Por qué? Porque hoy llegó el día de volver al campamento donde nunca debí de haber salido. Y os estaréis preguntando que es eso del campamento. Era un sitio diferente, allí estaba a salvo de todo, aquí también pero allí estaban mis amigos, eran gente como yo. ¿Gente como yo? Si, eran semi dioses, y yo también lo era. Pero no de un cualquier dios sino de uno de los dioses mas importantes, Hades. Si una desgracia por mi parte, pero así era mi suerte. El me sacó del campamento con tan solo tres años, y si, ya se que era pequeña y que no podía hacer amigos, pero no eramos personas normales, y por mi parte, yo era muy lista a esa edad. Gracioso por cierto.
Soy Amy, una chica de diecisiete años, y que pasé la mayor parte de mi vida metida en el inframundo, con un padre, que solo se podía resumir en dos palabras: era malo. Lo sabréis por cuentos, leyendas, historias... Pero mi vida no era una leyenda ni nada de eso. Era feliz hasta que me llevó aquí, a este sitio oscuro, y lejos del mundo. Solo había una única persona que podía ver, Perséfone. Los demás eran muertos que venían de visita o que mi padre visitaba y punto. No tenia amigos, no podía contactar con nadie como yo. Hasta hoy. Y os explicaré mejor. Un día con mi padre hicimos un trato, cuando me haga mas madura, o algo por el estilo, me dejaría volver al campamento, a luchar, o a aprender a hacerlo, ya que era hija de uno de los importantes.
Estaba en mi cuarto pensando todo esto y llegó Perséfone.
-Amy, hoy es tu día.- dijo muy sonriente.
-Si lo es. Por fin.- dije yo también feliz del mejor día de mi vida.
-Cuando llegues al campamento espero tus cartas, me tienes que contar como te va.
-Por supuesto que si las recibirás.- dije al darle un fuerte abrazo de los mios, cariñosos, claro.
Entonces llegó mi padre al estar un rato hablando con la única persona que me entendía, y la única amiga que tenia en ese sitio horroroso.
-Hija, ten mucho cuidado.- raro es, porque os conté que era malo. Pero conmigo no lo era. Era un padre bueno por una parte, pero por otra era malo porque me dejó pasar mi vida aquí metida, encerrada.
-Lo tendré. Y gracias por dejarme al fin, volver.
-Ya eres mayor, sabes lo que haces.
Nos despedimos, y deseé con toda mi fuerza llegar al campamento. Ya que ese el único secreto de poder salir de ahí, si eres vivo, claro. Y si, ya había llegado al campamento, había cambiado mucho, aunque no me acordara mucho, se que había cambiado. Entre por la puerta principal, y vi a mucha gente como yo, peleando, entrenando. Y habían unas especies diferentes, que siempre salen en las historias de los dioses. Como por ejemplo, centauros, medio cabras, unicornios...
Eran espectaculares. Estaba andando hasta llegar a una casa enorme, donde salia gente y entraba. Pero al pararme, escuché a alguien decir mi nombre. ¿Quién será? Al girarme vi a un centauro al lado mio.
-Hola Amy. ¿Qué te trae por aquí?
-¿Me conoce?
-Como no voy a conocer a la hija de uno de los importantes.
-Amm, quise volver al campamento, me aburría seguir en el inframundo.
-Lo entiendo. Bueno acompaña me, te enseñaré esto un poco.
-Pero.. yo ya lo conozco, estuve aquí.
-Tenias solo tres años, no te acordarías.
-Bueno... tienes razón.
Me estuvo enseñando todo, también nos quedamos mirando una pelea. Y vi a un chico. Era guapisimo. Nunca había visto uno igual. Normal, no salí del inframundo ni tampoco había visto ningún chico en mi vida.
-¿Quién es ese?- pregunté mirando a ese chico.
-¿El que lleva un arco?
-Si.
-Es John, el hijo de Apolo, dios de la luz, el sol, el conocimiento, la música, la poesía, la profecía y el tiro con arco.
-Por eso lleva el arco ¿no?
-Exacto. Bueno Amy, voy a presentarte a tu protector.
-¿Protector?
-Si, todos los semi dioses tienen un cuidador, medio cabras, para ser exactos.
-¿Medio cabras? Es un poco raro todo esto.
-Me lo imagino. Bueno vamos.
Estuvimos andando hasta llegar a otra casita, pero era pequeña. Le llamó por su nombre, Jason. Así se llamaba mi protector, o como diablos se diga. Era raro.
-¿Y tu como te llamas?- dije al dirigirme hacia el centauro.
-Perdón por no presentarme, soy Felix, seré tu profesor.
-De enseñarme a defenderme ¿no?
-Si. Tienes que aprender a cuidarte, sino tienes a Jason contigo. Pero siempre lo tendrás protegiéndote.
-Ah bueno. ¿Y cuando empezaremos a entrenar?- me encantaba que me vida allá cambiado en tan solo unas horas.
-Mañana mismo.
-Que bien.
Entonces aparicio el medio cabra. Me daba gracia decirlo así, asique preferí decir mi protector. Pero también sonaba un poco raro. Todo esto era raro.
-Hola Felix. Ohh, hola señorita.- dijo al darme un beso en la mano. Como todo un caballero. Yo solo sonreí. Era no muy alto, y para ser un medio cabra se veía buena persona. Creo que íbamos a ser muy buenos amigos.
-Ni señorita ni nada Jason. Ella es Amy.
-¿Qué? ¿La hija de Hades?
-Si, y tu eres su protector.
-Pero..
-¿Me tienes miedo?- dijo un poco burlona.
-¿Yo? Que va, solo que me pillasteis por sorpresa.
-Bueno os dejo a solas.- y entonces se fue el centauro.
-Te enseñaré un poco esto.
-Vale.
-¿Y cuales son tus poderes?
-¿Mis poderes?
-Si, bueno, cada semidiós tiene unos poderes algo parecidos a su padre o madre.
-Pues ni idea.
-Que rara eres.
-Habló el medio cabra. Y cuidado conmigo, mi padre es..
-Hades, ya lo se. Pero no tengo miedo.
-¿Seguro? Porque cuando te enteraste quisiste salir corriendo.
-Solo estaba actuando.
-Ya, ya.
Estuvimos paseando y me enseñó un poco mejor todo esto. Me encantaba, era maravilloso. Y esta noche iban a hacer una fiesta para darme la bienvenida. Que majos. Pensé.
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